A veces basta con un aroma conocido para recordar al instante un lugar, una persona o una etapa en la que hacía mucho que no pensábamos. Un perfume puede traer a la memoria las primeras vacaciones, la canela, la Navidad de la infancia, o un cierto aroma del hogar que alguna vez habitamos.

Esta es una de las cualidades más interesantes del olfato. A veces un olor no solo recuerda el momento en sí, sino también cómo nos sentimos en él.
¿Por qué el olor llega tan fácilmente a las emociones?
El olfato está estrechamente relacionado con las áreas del cerebro que participan en los procesos de las emociones y la memoria. Por eso un aroma conocido puede provocar una reacción antes incluso de que seamos conscientes de con qué lo asociamos.
Por eso, el recuerdo que despierta un olor a veces es distinto del recuerdo de una fotografía. Puede que no recordemos la fecha exacta ni todas las circunstancias, pero sí sintamos con mucha claridad la atmósfera de aquella época.
Nosotros mismos creamos los “significados” de los olores
La vainilla no significa por sí sola infancia, ni el olor del pino significa Navidad. Esas asociaciones las creamos a través de nuestras experiencias.
Para una persona, los cítricos pueden recordar viajes de verano; para otra, una persona o un perfume favorito. Por eso el mismo aroma puede provocar reacciones totalmente distintas en dos personas.
Ahí es donde el olor se vuelve muy personal: no solo importa cómo huele, sino también lo que ya hemos vivido con él.
¿Por qué algunas etapas de la vida tienen su propio olor?
Durante ciertos periodos suelen repetirse los mismos aromas. Usamos un perfume, en casa tenemos el mismo aroma, en el coche elegimos el mismo olor.
En ese momento, por lo general, no pensamos en ello. Pero más adelante, precisamente ese olor puede convertirse en una especie de señal de aquella etapa.
Por eso, unos perfumes que hace tiempo no usamos a veces recuerdan el primer trabajo, los estudios o un viaje con mucha más claridad de la que esperaríamos.
¿Se puede asociar un olor con una experiencia nueva?
No es necesario esperar a que esas asociaciones aparezcan por casualidad. Un olor recurrente puede convertirse en parte de una rutina concreta.
Se puede reservar un perfume para ocasiones especiales, elegir un aroma concreto para el hogar en las noches tranquilas y el olor del coche para los viajes.
Con el tiempo, el aroma puede empezar a recordar precisamente esas situaciones. No porque el olor tenga por sí mismo un significado concreto, sino porque nuestra experiencia se lo da.
Quizá por eso tenemos olores a los que siempre volvemos
A veces es difícil incluso explicar por qué un aroma se convierte en favorito y otro, aunque sea agradable, se olvida rápido.
En la elección no solo influyen las notas del olor. También son importantes las asociaciones, las personas, los lugares y las etapas con las que el aroma se va uniendo con el tiempo.
Por eso, un olor que hoy nos encanta dentro de unos años puede significar mucho más que las notas que contiene.
Quizá por eso algunos olores se convierten para nosotros en algo más que un simple aroma agradable. Poco a poco se unen a nuestras propias historias y, con el tiempo, no solo recuerdan lo que nos gustaba, sino también cómo vivíamos en aquella época.